El diseño de Steve Jobs y Jonathan Ives

 El diseño no siempre sale de primera instancia. El diseño es la expresión fundamental de algo. Estas dos ideas se necesitan mutuamente, porque si el diseño expresa lo esencial de algo, encontrar esa expresión toma tiempo, conversación y varios intentos. El artículo de Hugh Dubberly sobre Steve Jobs y Jonathan Ive ilustra ambas cosas: un Jobs que fracasó al principio y un Jobs que aprendió a diseñar conversando. Por eso el diseño no es un golpe de inspiración, sino un proceso que busca dar forma a lo fundamental.

El diseño no siempre sale de primera instancia, y la trayectoria de Jobs lo demuestra. Según Dubberly, durante su primera etapa en Apple y en NeXT, Jobs no logró construir un producto exitoso, aunque Lisa, Macintosh y NeXT fueron intentos asombrosos de llevar calidad a más personas. Otros productos, dirigidos por otras personas, mantuvieron viva a la empresa mientras tanto. Cuando regresó, sus productos siguieron un camino más suave, y el autor lo atribuye a lo aprendido durante esos años difíciles: pensar en sistemas completos, formar equipos amplios y profundos, y sostener conversaciones de diseño. Incluso el ciclo de prototipos de Apple llegó a ser mucho más corto que el promedio de la industria, lo que confirma que el diseño se logra iterando y no acertando a la primera.

El diseño es la expresión fundamental de algo, y por eso no puede reducirse a la apariencia. Jobs rechazaba la idea del diseño como barniz o decoración, y lo entendía como el alma de una creación humana que se expresa en las capas exteriores de un producto o servicio. Para descubrir esa esencia hace falta conversar sobre lo que se cree, sobre los valores fundamentales y sobre la calidad, y esas ideas deben discutirse hasta llegar a un acuerdo. Ive describe el proceso como un ir y venir con Jobs, caminando alrededor de las mesas y jugando con los modelos. En ese sentido, cada modelo y cada conversación es un intento de acercarse más a la expresión de lo fundamental, y el resultado final es apenas la capa visible de un trabajo mucho más profundo.

En conclusión, el diseño no siempre sale de primera instancia porque expresar lo fundamental de algo es difícil. Primero hay que comprender qué es ese algo, y para eso se necesitan pruebas, errores, prototipos y conversaciones honestas. El caso de Jobs e Ive muestra que los buenos resultados llegaron cuando se aceptó ese proceso y se le dio espacio dentro de la organización. Lo mismo aplica a la arquitectura y a cualquier disciplina creativa: la primera propuesta rara vez captura la esencia de lo que se quiere expresar. Por eso el diseño es, a la vez, un camino de búsqueda y la expresión fundamental de aquello que finalmente se logra encontrar.


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